Muchos padres asumen que tienen hijos obedientes. Otros se sienten fracasados ​​cuando tienen que gritar, discutir y luchar para que sus hijos hagan lo que quieren.

Desde la perspectiva de la Crianza con apego y de la disciplina positiva, debemos adoptar comportamientos que sirvan de ejemplo positivo a nuestros hijos y que, sin gritos y órdenes autoritarias, consigamos que, poco a poco, nos respeten porque nos ven como personas en las que confiar, en otras cosas porque los respetamos.

Cuando ejercemos una autoridad tiránica, a los ojos de los demás, nuestros hijos pueden parecer ‘obedientes’, cuando en realidad solo actúan como adultos porque tienen miedo de ser reprendidos en público o que sus padres se enojen y los castiguen. En este caso, es común que no haya respeto entre padres e hijos, provocando un verdadero caos en la vida familiar.

Algunos errores comunes que cometen los padres al ejercer su autoridad son:

  1. Usar las recompensas o regalos por hacer o no hacer algo en cuestión. A menudo, con el deseo de evitar una rabieta o tener un poco de paz, los padres cometen el error de acostumbrar al niño a hacer lo que debe a cambio de algo. “Si haces eso, tendrás un chicle”, “Si haces eso, cuando salgamos te compro un juguete”. Este tipo de relación no le muestra a su hijo el valor de la cosas para obtener lo que necesita.
  2. Fomentar la competencia con otros sobre quién tiene más. Esto no es saludable. Los niños no compiten entre sí, somos los adultos los que fomentamos esta disputa. Por ejemplo, cuando los niños participan en actividades deportivas como fútbol o voleibol, es común que los entrenadores digan que los peores espectadores son los padres de los niños, que compiten, insultan, ríen, se burlan del equipo contrario. Nosotros, los padres, deberíamos ser el ejemplo, ¿no?
  3. Sobreprotegerlos constantemente. Ser demasiado permisivo y no establecer límites y normas claras fomenta un comportamiento más infantil que el de los niños de su edad. Actuar por el niño o hablar por él lo hace incapaz de desarrollar sus propias habilidades para enfrentar las adversidades de este mundo.
  4. Asustarse por sus demandas. Los padres no debemos sentirnos desconcertados por determinadas actitudes del niño, disculpándose con el argumento de que ‘todo el mundo lo hace y eso es lo que está de moda’. Hay que ser firme, actuar con cariño y amor.
  5. Ser amigos más que padres para los hijos. Nuestros hijos tendrán muchos amigos en sus vidas, pero los padres solo nos tendrán a nosotros. Cada familia tiene una jerarquía y cada ser juega un papel insustituible. Ponerse al mismo nivel que su hijo es una señal de respeto por él, de atención y de escuchar lo que quiere decir. Sin embargo, no significa que estén en equivalencia de roles. Entre amigos no hay autoridad. Entre padres e hijos, es necesario que esos sean guías, que en un ambiente de respeto, confianza y unidad, el niño pueda saber que sus padres son el ejemplo que debe seguir.

 

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